Joaquin Rodriguez Kierce
He escrito un libro para ayudar en la incorporación al mundo profesional a los que terminan la universidad.

Son cosas que he aprendido con el tiempo y creo que pueden servir a todos los que quieren hacer que las cosas ocurran. tarda en leer un par de horas y se tarda en aplicar lo que en él dice muchos años.

Lo puedes conseguir en cualquiera de las tiendas Amazon y leerlo inmediatamente en tu Kindle o en la aplicación de Kindle de tu teléfono, tablet, PC, mac, etc. por $3.99.

O, si prefieres, descargarlo gratis en formato pdf siguiendo este enlace: http://bit.ly/librojrkierce

Estos son los dos primeros capítulos:

1. No te pagan por lo que sabes

Una vez fui a la oficina de alguien con un título muy sugerente y vi una hoja que venía a decir algo parecido a: “Tú, que has estudiado tanto, mereces que te paguen mucho por todo lo que sabes”.
La hoja explicaba detalladamente el por qué de esa frase.
Con el tiempo me di cuenta de que lo que decía aquella hoja es mentira. No te pagan por lo que sabes. Te pagan por hacer que las cosas ocurran.
Esto tan intuitivo se pierde de perspectiva con el paso del tiempo. Llega un momento en el que mucha gente, cansada quizás de hacer algo que no le gusta, cansada de la política de su oficina, de un jefe que no le respeta o de lo que sea, simplemente abandona y resuelve que lo que importa es sobrevivir, aparentar y cumplir.
“¿Tanto estudiar y que me digan esto ahora? Yo que creía que el diploma universitario era lo que me proporcionaría el salario por el resto de mi vida…”

Lo que el diploma te da es acceso.

Todo lo que sabes es una herramienta para hacer que las cosas ocurran, traer ideas a la realidad y que añadan valor a algunas personas. Todo lo que sabes no sirve para nada si no consigues que las cosas ocurran en la vida real. Las empresas existen para eso. Por cierto, ten claro que TODAS tienen áreas de oportunidad enormes para mejorar su eficiencia.
Hasta ahora, avanzabas en tu vida fundamentalmente aprendiendo conocimiento y volcándolo en exámenes, trabajos de grupo, etc. Ahora estás llegando al ambiente en el que lo que pasará mañana no está escrito en un libro de texto, sino que lo escribirás tú.
¿Te acuerdas de los malos ratos en los grupos de trabajo? Que si aquel no trabaja, que si este no entiende, que si aquella está en el grupo porque la pusieron ahí...

Eso.

Al cuadrado.

Más o menos.

Es lo que hay  de ahora en adelante.

Esa es la mala noticia. La noticia peor es que hay mucha gente en tu ambiente profesional que aún no se ha dado cuenta, o se ha dado cuenta y optaron porque le dejara de importar hace tiempo.
¿La buena noticia? Que tú estás aquí para hacer la diferencia. El mundo está lleno de gente inquieta como tú, con la que trabajarás muy bien. Búscala. Dile que quieres trabajar junto a ella.
Si alguien te dice que “te pagan por lo que sabes”, o miente o está intentando comprar su propia paz mental.

Te pagan por convertir ideas en realidad, por retar la manera en que se llevan haciendo mucho (demasiado) tiempo, por traer ideas nuevas, por liderar grupos de personas (sí tú, liderar, aunque te acabes de graduar) para alcanzar un objetivo, grande o pequeño. Eso es lo que cuenta al final.
Aunque no lo creas, tú, sí tú, esa persona que se acaba de graduar e incorporar al mundo laboral, ese que no se entera de la mitad de lo que está pasando en las reuniones… tú… tienes muchas ideas nuevas que pueden cambiar las cosas para mejor.
Hay muchas razones para esto, y la más importante es que traes una perspectiva fresca a este mundo laboral. Un mundo en el que muchos decidieron hace tiempo que ya no les importaba, que ellos merecían más, que les habían tratado injustamente y se iban a dedicar a aguantar hasta que se jubilaran… o personas que opinan que se les debe pagar por todo lo que saben y que otros hagan el trabajo.
Tú vienes (ojalá) con muchas ganas de aprender. Úsalas para crecer y no para estancarte, por favor.
 
2. Tú no eres tu título

Nunca te definas por un título. Tú eres mucho más. El título es algo que nos gustaba mucho en los siglos 19 y 20 para etiquetar a la gente y saber cuánto pagarle. Hoy en día no está tan claro que se pueda resumir en un título el alcance de trabajo de mucha gente. Al menos no en el caso de los que hacen cosas interesantes. Hay empresas en las que nadie tiene un título y no se han muerto de vergüenza.

Los tiempos en los que un título podía abarcar un rol se están acabando. El ritmo de innovación y cambio al que nos movemos hoy día es tal que es impensable que un título describa un puesto de trabajo por mucho tiempo. Si lo hace, es un nombre tan genérico que resulta aburrido. Y aburrido es lo último que quieres ser en el mercado de trabajo.

Cuando hables de tí, evita mencionar tu título. Habla de lo que haces, de los resultados por los que eres responsable dentro de tu organización. Evita decir “soy el gerente de servicio al cliente”. En vez, di “trabajo para que el 100% de los clientes de mi empresa opinen que damos el mejor servicio” o algo así. Seguro que con ese “título” nunca te aburrirás porque tu trabajo es dinámico y evoluciona todos los días.